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Vicente Beltrán Anglada


"A JEZASEL
El Ángel amigo
que tanto me ayudó
en mis pesquisas internas,
con gratitud y reverencia"

-V.B.A
.


 

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Estructuración Dévica de las Formas

Capítulo XII



LOS ÁNGELES Y SU INTERVENCIÓN EN LOS FENOMENOS PARAPSICOLOGICOS

Uno de los problemas que necesariamente deberá afrontar la Ciencia Parapsicológica de nuestros días será sin duda la correcta interpretación de las Formas que en su totalidad constituyen los ambientes psíquicos de la humanidad. Se trata de un problema realmente difícil de resolver por cuanto se asignan todavía significados arcaicos y tradicionales a las Formas que pueden ser percibidas en el ambiente psíquico o campo astral del mundo. La creación de tales Formas es inevitable debido al poder de proyección que posee el cuerpo astral de los seres humanos y aún el de ciertos animales terrestres y marítimos. Sus potentes vibraciones “tiñen el espacio” de ciertas nocivas cualidades, se agrupan constituyendo desagradables figuras astrales y “flotan” -tal como hemos dicho en varias ocasiones- sobre el aura planetaria condicionando los deseos, emociones y pensamientos de los hombres.

Podemos decir, sin embargo, ya que el principio de dualidad o polaridad rige la acción astral, como rige todos los demás Planos del Universo, que hay también concentraciones de energía psíquica de carácter positivo “flotando” sobre los ambientes sociales de la humanidad, creadas por las delicadas emociones, fúlgidos sentimientos e impulsos magnéticos de buena voluntad que surgen del cuerpo astral de los seres humanos dotados de una mayor integración espiritual. Habrá que tener en cuenta, por tanto, en cualquier estudio parapsicológico realmente serio, la existencia, actividad y proyección de tales nubes psíquicas flotando en ciertos niveles definidos del Plano astral y reconocer que su radiación magnética e indudable influencia se refleja en todos los sectores de la vida organizada de la humanidad, singularmente en aquellas personas potentemente “psíquicas” en distintos niveles de expresión, lo cual inducirá a establecer necesariamente las bases de una nueva orientación científica del estudio parapsicológico, haciendo una marcada distinción entre los fenómenos psíquicos de carácter inferior, indeseable y negativo -los más frecuentes debido a la escasa evolución mental y psíquica de los seres humanos- y los de tipo superior surgidos de la actividad emocional de los seres humanos dotados de una elevada integración espiritual.

Hemos afirmado en diferentes ocasiones, y continuaremos haciéndolo en lo sucesivo, que de no establecerse esta necesaria y obligada clasificación entre las diferentes formas de psiquismo no podrán ser explicados convenientemente algunos de los fenómenos parapsicológicos actualmente en estudio, como los que irán produciéndose a medida que la humanidad vaya avanzando en su proceso evolutivo y el “psiquismo controlado” se convierta en una ley, en un impulso irresistible de la Raza humana. Este obligado control y la necesaria polarización de la conciencia desde el “Plexo solar” al centro Ajna de la mente organizada cerrará el paso a la corriente de energía psíquica proveniente de los niveles inferiores del Plano astral y creará otras puertas de comunicación con los subplanos superiores para poder captar las energías de buena voluntad y las nuevas y más apetecibles formas psíquicas creadas por los devas del Propósito Iluminado, utilizando los impulsos magnéticos y proyecciones psíquicas de carácter superior que se elevan del mundo de los hombres. Creemos por ello que un riguroso control astral por parte de los propios investigadores en el campo de la Parapsicología se hace tan necesario como el comer, el beber o el respirar en estos momentos drásticos de alta tensión psíquica planetaria, ya que de no conseguirlo será definitivamente imposible extraer del Plano astral los indispensables significados ocultos que cualifican y determinan una perfecta y verdadera investigación esotérica.

Hasta el presente la investigación parapsicológica se ha limitado únicamente a analizar algunos de los fenómenos psíquicos que se producen en los bajos estratos del Plano astral, adjudicándoles un valor de síntesis. En realidad, y por su íntima naturaleza, tales fenómenos, como el de la mediuminidad corriente, los aportes psíquicos y materializaciones físicas, etc., sólo representan “reacciones magnéticas” producidas en el ambiente astral por seres humanos, reconocidos como “altamente psíquicos”, o los que se realizan espontáneamente en ciertos lugares de la Naturaleza ([24]), en los que por existir un campo magnético apropiado se producen fenómenos de carácter paranormal que atraen la atención de las masas y constituyen motivos de interés para los investigadores parapsicológicos.

Desde el ángulo de vista esotérico el proceso es considerado como mucho más positivo y realista, ya que se analiza prioritariamente la potencialidad del ETER, el cual condiciona cualquier tipo de manifestación psíquica, sea cual sea su carácter y significado. El ETER es la substancia universal que está en la base de la creación de todas las formas psíquicas que generan fenómenos parapsicológicos, y teniendo en cuenta al respecto, que dichas formas son condensaciones de energía psíquica por parte de los Devas, los desconocidos habitantes de los mundos invisibles. Esta afirmación debe considerarse esencial en él estudio parapsicológico, sea cual sea el nivel en donde se verifique, y desde este ángulo de vista ha de admitirse que cualquier fenómeno psíquico puede ser incluido dentro de las grandes áreas astrales de polarización angélica y que la explicación correcta de los grandes o pequeños efectos parapsicológicos sólo será posible si el investigador decide penetrar en las “nuevas dimensiones” y aprende a extraer de ellas todos los posibles significados mentales. Así será posible conocer la causa de todos los fenómenos psíquicos y no solamente estudiar sus efectos en los ambientes sociales del mundo, muy particularmente en los seres humanos.

Así, pues, toda forma de psiquismo y todo fenómeno parapsicológico es un resultado de la actividad de los devas que pueblan los insondables éteres del espacio. Su misión y su ley es materializar todos los impulsos magnéticos humanos transmutando la energía en materia y substanciándola al extremo de constituir con ella todo tipo de formas y toda clase de situaciones en el ambiente psíquico de la humanidad. El punto de objetividad necesaria para dicha manifestación substancial -si podemos utilizar esta expresión- la proveen los propios seres humanos de baja vibración o de escasa evolución espiritual, así como también otros seres humanos más evolucionados aunque de potentes tendencias astrales y ciertos animales -considerados esotéricamente como altamente psíquicos- como los gatos, las serpientes, ciertas aves nocturnas, etc. ([25]). El resultado de esta substanciación de la energía psíquica es el Ectoplasma, la condensación de la energía etérica por efecto de la presión dévica de los niveles inferiores del Plano astral hasta constituir “formas objetivas” de alta solidez y persistencia. Desde el ángulo esotérico tales formas, tales aportes o materializaciones constituyen un peligro para la integridad espiritual del mundo, pues se las percibe clarividentemente enlazadas a etapas anteriores de evolución planetaria y deberían considerarse lógicamente trascendidas. Por ello, la misión futura de los investigadores parapsicológicos será “la destrucción de tales formas” y no simplemente el estudio de los fenómenos que provocan en el éter. En los momentos actuales el estudio de tales fenómenos es una tarea preliminar y necesaria, pero no se debe olvidar que la actividad esencial es “purificar el ambiente astral del mundo” y propiciar la creación de “centros de actividad dinámica” en todos los subplanos del Plano astral con objeto de destruir todas las formas psíquicas de carácter negativo que condicionan y dificultan la evolución espiritual de la humanidad. Para estimularles en tal sentido bastaría decirles quizá que las guerras, las enfermedades y aún la propia muerte son “FORMAS PSIQUICAS” mantenidas en forma substancial en los niveles astrales del mundo y “dotadas de conciencia dévica”, una conciencia que exige ser liberada tras el obligado proceso de una sistemática y necesaria destrucción por parte de los verdaderos investigadores del mundo oculto. Por tal motivo, un considerable número de discípulos mundiales provenientes de todos los Ashramas de la Jerarquía están trabajando activamente para presentarle al mundo una nueva idea sobre los males sociales y las dificultades psicológicas de las gentes, así como para informar sobre las causas ocultas de las grandes tensiones emocionales que repercuten en el corazón del hombre.

El fenómeno de la “MATERIALIZACION” no es naturalmente lo único que estudia a fondo el investigador esotérico, si no que su campo de estudio se extiende a todos los posibles niveles de expansión psíquica, desde el que provoca en el éter la súbita reacción astral de un animal en la selva persiguiendo a la víctima que ha de proveerle de alimento, o el que determina cualquier ser humano en momentos cumbres de gran exaltación religiosa. El resultado será siempre el mismo en todos los casos: la invocación dévica y el fenómeno inevitable de substanciación de la energía proyectada en el éter. El ECTOPLASMA es el resultado del proceso de substanciación astral de las energías hasta el punto requerido de materialidad u objetividad que hace posible su identificación etérica física. Y lo mismo podría ser dicho con respecto a otro tipo de manifestaciones psíquicas o astrales, como “la ocupación del cuerpo de un médium” por parte de cualquier entidad dévica, psíquica, individual o elementaria; un fenómeno que ha de ser considerado como altamente limitador de las facultades causales del alma y un campo de desdichas y de dificultades kármicas en relación con el propio médium, ya que, de acuerdo con las enseñanzas esotéricas de la Nueva Era, toda forma de mediuminidad astral deberá ser relegada bajo el umbral de la conciencia a fin de poder desarrollar la contraparte de dicha facultad en el plano de la mente, es decir, la telepatía, por cuanto la
telepatía permite el contacto con los mundos invisibles, pero dentro del control de una voluntad ordenadora y de una inteligencia capaz de extraer verdaderos significados espirituales desde el mundo psíquico y apta, por tanto, de destruir progresivamente todas las formas inferiores que, “constituyendo grandes nubes psíquicas" y “potentes concentraciones de Ectoplasma de baja y densa vibración”, dificultan la evolución espiritual de los seres humanos.

Habrá que señalarse también que las aportaciones físicas o materializaciones ectoplásmicas a las que nos hemos referido anteriormente, provenientes de estímulos astrales inferiores, no son perceptibles únicamente alrededor de las personas altamente psíquicas que llamamos “médiums” o “dotados”, sino que constituyen parte integrante del proceso de nuestro cotidiano vivir, y podemos asegurar, muy sincera y honradamente, que tales formas pululan por doquier y si bien no constituyen “objetividades” capaces de impresionar a los sentidos de percepción física, si poseen la suficiente fuerza psíquica como para alterar las condiciones ambientales y afectar astralmente a un considerable número de seres humanos en Sintonía con aquellas fuerzas, constituyendo núcleos de agresividad prestos a descargar su tensión en cualquier momento. Hay “nubes psíquicas" para todos los grados de evolución astral; incluso los animales son potentemente astrales y aportan también al ambiente psíquico la singularidad de sus motivos. El aspirante espiritual deberá guardarse, por tanto, de la actividad negativa de las formas psíquicas inferiores que llenan el ambiente social del mundo y cultivar, merced al desarrollo de su aspiración superior, formas psíquicas cada vez más sutiles y refinadas.


La Invocación de los Difuntos

Una actitud muy negativa y antisocial desde el ángulo esotérico y sobre la cual llamamos la atención de los aspirantes espirituales es aquella que concierne a la “invocación de los difuntos”. Cuando una persona fallece y deja el cuerpo físico, hay que dejarla en paz para que goce profundamente de la liberación de las cadenas que le ataban a la materia más densa de la manifestación kármica en aquellos niveles específicos que la ley previsora de la Naturaleza ha dispuesto para tal fin. No hacerlo así es crear karma, y todo aquél que utilice las energías psíquicas de la invocación para atraer con fines de materialización, de comunicación o de contacto las almas de los muertos -tal como vulgarmente se dice- está atentando gravemente contra una sagrada Ley del Creador. “El todo lo tiene sabiamente dispuesto para el bien de Sus hijos”, tal como puede leerse en ciertos pasajes del “Antiguo Comentario” o “Libro de los Iniciados”.

La salvaguarda del alma después que ha dejado su cuerpo físico no corresponde ya a los seres humanos, a sus deudos, amigos o parientes, por mucho que la amen y quieran ayudarla con sus invocaciones -a menudo potentemente egoístas-, sino que corresponde a la actividad de aquellas benditas Entidades dévicas que esotéricamente llamamos “Los Ángeles de la Luz Resplandeciente”, los cuales acogen al alma desde el momento mismo de la muerte física y después de “romperse el cordón plateado o Sutratma” que la ataba al cuerpo y propiciar “el último suspiro” o aliento vital, la conducen amorosamente a un nivel de quietud en donde descansará o dormirá plácidamente ([26]), si no surgen impedimentos, para despertarla rápida y oportunamente en el plano astral. Desdichadamente la labor de estos benditos Ángeles es alterada por los clamores invocativos de los deudos y amigos, los cuales no se resignan a perder definitivamente a la persona con la cual sostuvieron lazos de unión, de amor o de amistad, creando unos vórtices de energía astral de carácter negativo que envuelven al alma y la mantienen “suspendida” en la inseguridad de dos mundos diferentes, el físico y el astral; el astral porque por ley kármica le corresponde y el físico porque desde allí es invocada, suplicada y poderosamente atraída. Si se tuviese, parapsicológicamente hablando, sólo una ligera noción del sufrimiento moral del alma en estado de “suspensión” entre dos mundos después de producirse el fenómeno de la muerte y se la dejase en paz, quizá el progreso espiritual de la Raza en su conjunto sería mucho más rápido, efectivo y seguro, ya que el sufrimiento engendrado diariamente por las almas de los seres humanos en el mundo que dejaron sus vehículos físicos tras el fenómeno de la muerte y atraídas al plano de las densidades físicas por efecto de las invocaciones, súplicas y demandas egoístas de sus familiares y amigos, forma grandes nubes psíquicas de gran poder negativo que flotan por encima de la humanidad y aumentan el sufrimiento e inquietudes que ya existen normalmente en todas las áreas y ambientes sociales planetarios como un efecto natural del karma de los seres humanos. Consideramos esotéricamente necesario, en orden a la creación de un nuevo tipo de Antakarana social de aproximación a los valores internos, que se considere el fenómeno de la muerte física como una “liberación” del alma y no como “la desaparición o pérdida” de la misma y que se intente comprender que la Previsión Divina va siempre mucho más allá que las determinaciones humanas y que su sentido profundamente egoísta de considerar las cosas. Así, desde el ángulo netamente espiritual y esotérico, las invocaciones de los difuntos con fines de restablecer antiguos lazos y comunicaciones -tal como desdichadamente se realiza en casi todos los lugares de la Tierra, sean cuales sean las miras, el interés o los deseos con que son efectuadas-, CONSTITUYEN UN ATENTADO CONTRA LA LEY DE DIOS, y así debe considerarse en esta Nueva Era de grandes y fecundas oportunidades espirituales para todos los hijos de los hombres.

Es curioso advertir, sólo como un dato aleccionador de las actitudes contradictorias que suele adoptar el ser humano, que hay personas que hablan constantemente de libertad e incluso participan en actividades sociales con este tan importante lema en el plano físico, pero que, sin embargo, en sus actividades -llamémoslas metafísicas- construyen nuevas prisiones para las almas que se han liberado de la apremiante actividad del cuerpo físico mediante las prácticas de invocación y comunicación “post-mortem”. Hay que considerar lógicamente que habrá un Karma preparado para todos los infractores de las Leyes reguladoras de la Voluntad divina en el alma humana, lo mismo que hay sanciones legales contra aquellos que atentan contra el derecho humano común dentro de un plan organizado de relaciones sociales.

En un capítulo precedente nos referíamos a la existencia de “cascarones astrales”, construidos por efecto de las materializaciones de los cuerpos etéricos de los seres humanos fallecidos, algunos de ellos procedentes de muy alejadas épocas planetarias y que pululan por el Plano astral con apariencias de vida objetiva, pero sin poseer alma espiritual, siendo mantenidos bajo su actual forma por la actividad de ciertos devas de inferior cualidad y vibración, los cuales producen la cohesión de tales vehículos trascendidos e impiden el proceso natural de “desintegración” que lógicamente ha de producirse en todos los Planos de la Naturaleza en donde el ser humano posee vehículos, cuerpos o mecanismos de expresión. Y tales “cascarones”, o la mayor parte de ellos, son los que normalmente acuden a las sesiones espirituales suplantando a entidades conocidas o construyendo formas parecidas a las de los difuntos invocados cuando hay el suficiente grado de “tensión emocional” en el ambiente psíquico de una reunión espírita y en un plan de espejismo colectivo causa la impresión general de que el alma del difunto invocado se halla presente en el seno de la reunión, cuando la realidad es que la gran mayoría de seres humanos desaparecen completamente del Plano físico a los tres días después de muertos, pasando a habitar sus almas o sus conciencias en el nivel correspondiente del Plano astral, quedando en los niveles etéricos solamente la imagen etérica. Esta se va desintegrando del cuerpo que el alma ha abandonado, el cual puede ser vivificado y transitoriamente densificado por efecto de las energías mancomunadas de las poderosas invocaciones de las personas que de una u otra manera estuvieron kármicamente vinculadas con el ser desaparecido y de los devas astrales con poder de substanciación del éter en el Plano físico. Este es un asunto muy importante a dilucidar y deberá ser estudiado muy atenta y profundamente por los modernos parapsicólogos introducidos en la investigación de las comunicaciones mediunímicas y de los efectos clarividentes en las personas psíquicas que habitualmente asisten a dichas sesiones, para llegar así en forma progresiva a la comprobación y convencimiento de que la actividad realizada en estas reuniones espirituales con vistas a establecer contacto con los difuntos constituye un fraude o engaño, perpetuado a escala mundial por todos los grupos de invocadores de buena fe, aunque faltos del requerido entrenamiento espiritual y psíquico. Estas actividades, vistas siempre desde un ángulo muy subjetivo y causal, constituyen un formidable freno a la marcha ascendente de la evolución humana y son francamente indeseables dentro de un plan organizado de una nueva ética y de nuevos valores sociales.

Venimos hablando, como ustedes se habrán dado cuenta, desde un punto de vista muy esotérico y no es nuestra intención cargar las tintas, tal como vulgarmente se dice, contra un sector de investigadores de la humanidad cuya tendencia es el mundo astral. Pero debemos reiterar que nuestras afirmaciones provienen de ciertas experiencias realizadas en varios niveles de los mundos ocultos y de nuestros contactos conscientes con Devas de elevada evolución, quienes nos mostraron lo fácilmente que puede ser engañado un ser humano dotado de clarividencia o de otras facultades psíquicas mediante los fenómenos caleidoscópicos que ellos pueden producir en el éter y la facilidad con que pueden crear a voluntad cualquier tipo de forma, aun la más inverosímil, utilizando la fuerza psíquica incontrolada que surge de los ambientes psíquicos del mundo. Hay, por otro lado, las disposiciones espirituales de la Jerarquía planetaria, la Cual está trabajando muy intensamente por medio de sus Ashramas y grupos de actividad espiritual en el mundo, para contrarrestar las actividades psíquicas que se realizan por doquier mediante la aportación de energías de alta tensión mental, segregada de los discípulos mundiales y de todas las personas inteligentes y de buena voluntad que han comprendido que los momentos cruciales que atraviesa la humanidad podrán ser afrontado trascendidos si se utiliza la mente en forma creadora, controlando eficientemente las tendencias psíquicas generadas por un excesivo desarrollo del plexo solar. La presión de los tiempos impone unas nuevas leyes reguladoras del destino de los hombres y el desarrollo del centro mental orientado hacia fines de integración y de control emocional que constituye la meta natural de la evolución humana.

El esoterista entrenado -y todos los aspirantes espirituales deberían serlo- investiga solamente fenómenos psíquicos de carácter superior, por cuanto considera que los “efectos del astralismo inferior” han de ser normalmente trascendidos y relegados por efecto de ello bajo el umbral de la conciencia. La Nueva Era impone ciertas leyes de carácter sagrado, algunas de cuyas expresiones son la actividad mental superior y el contacto con el Alma espiritual de los seres humanos. Estas actividades se inician por el desarrollo del intelecto que abre la visión del campo del conocimiento, se persevera por el suave y sostenido control de las tendencias astrales o psíquicas inferiores -la mayor parte de ellas heredadas de la época atlante- y se culmina en el desenvolvimiento de la intuición, la cual “ampliará las perspectivas psicológicas” del hombre aquí en la Tierra a extremos inconcebibles, permitiéndole adquirir una conciencia cada vez más incluyente del Yo superior o Angel Solar, liberándole completamente de los espejismos y vanas ilusiones que le mantenían atado a un aciago destino kármico y a la interminable lucha contra toda clase de deseos, esperanzas y temores.

Otra de las ideas que consideramos útiles para el desenvolvimiento de la vida espiritual es la que hace referencia a la relación de los sentidos físicos con las facultades psíquicas, las cuales, tal como analizamos en el primer libro de este Tratado, son una prolongación de tales sentidos, ya que la evolución espiritual de la Raza impone el desarrollo de los sentidos internos existentes en cada vehículo sutil como un sistema natural de percepción y de conocimiento... Esta idea deberá formar indisolublemente parte del equipo de los verdaderos investigadores parapsicológicos para ir reconociendo, por analogía, la calidad de los fenómenos psíquicos observados de acuerdo con ciertos hechos de carácter físico. Así, los fenómenos de la clariaudiencia, de la mediumnidad y de la clarividencia serán reconocidos como prolongaciones en el nivel astral las expresiones físicas del oído, del tacto y de la vista, siendo todos los demás fenómenos observados y estudiados desde el plano superior de la mente sólo unas derivaciones de aquellos sentidos que están desarrollándose en los niveles subjetivos, en donde el alma del hombre trata de ser consciente.


El Eter, la Causa de todo tipo de Fenómenos

Por tanto, dentro de un vasto Plan general de conocimientos útiles al investigador parapsicológico, habrá que admitirse desde un buen principio que los fenómenos psíquicos o paranormales, así como todos y cada uno de los fenómenos de la vida en la Naturaleza, “se realizan en el Eter”. Ocultamente hablando, el Eter es la MATRIZ de toda posible manifestación universal, sea cual sea el Plano o nivel en donde tenga lugar. Un estudio cada vez más profundo y consecuente del Eter llevará a grandes y sorprendentes conclusiones, lo mismo en el orden esotérico que en el parapsicológico y científico, teniendo únicamente presente que el Eter es una substancia universal que surge de la actividad del Tercer Logos, Aspecto Creador del Espíritu Santo, y que sus infinitas modificaciones bajo expresiones, normales u objetivas constituyen la base del estudio oculto de los Ángeles, de los Devas, de las Fuerzas Ocultas de la Naturaleza, cuya misión es estructurar toda la infinita gama de formas que constituyen la Vida absoluta de la Divinidad en el Universo.

Dijimos también en otra parte de este estudio que el ECTOPLASMA, al que constantemente se hace referencia en las investigaciones parapsicológicas, es ENERGIA SUBSTANCIADA, o Eter en proceso de materialización o solidificación de acuerdo con un Plan general de estructuración de formas, y que los “Agentes Universales” que están en la base de este proceso de estructuración constituyen una vastísima organización oculta que se extiende desde los pequeños elementales que viven en contacto con el Reino mineral y son sus obreros insignificantes aunque totalmente imprescindibles, hasta los poderosos Arcángeles o Mahadevas que rigen la estructuración de un Plano del Universo. Así, el proceso de estructuración de las formas se realiza en todos los niveles de vida y de conciencia y la Naturaleza entera se beneficia de sus indescriptibles cuidados. Desde este punto de vista podemos imaginar que habrá “agentes dévicos” en todos los estratos de la vida organizada del planeta y del Universo, con la única y exclusiva misión kármica -si podemos decirlo así- de construir el adecuado tipo de formas que precise cada una de las unidades de conciencia en evolución dentro del infinito e indescriptible marco de la Creación. Por ello, si el estudio parapsicológico ha de ser realmente fecundo, práctico e inspirador deberá partir racional e inevitablemente del reconocimiento de los “agentes dévicos” y de los “elementales constructores”, cuya misión es construir formas, ya sea en los niveles objetivos o en los subjetivos, dotarlas de vitalidad, preservarlas de la acción del tiempo en tanto sean necesarias para el cumplimiento de determinada misión o evolución y, finalmente, destruirlas diluyéndolas en el Eter y haciéndolas retornar al “Estanque de las Unidades Expectantes”, a donde se reintegran todos los átomos físicos, astrales y mentales en el momento de la Muerte. El reconocimiento de “un agente o de un grupo de agentes ocultos” tras cada uno de los fenómenos objetivos o subjetivos puede constituir, tal como hemos dicho anteriormente, el punto de partida de la perfecta investigación parapsicológica, prosiguiéndose después el estudio de acuerdo con el principio clave de la analogía que ha de deparar visión justa, amplio sentido analítico y la inevitable introducción en los niveles causales.


Los Pequeños Devas Familiares

El fenómeno parapsicológico, sea cual sea su importancia, deberá observarse, primero, tal como aparece a los sentidos normales de percepción; descubrir luego la calidad del mismo por el nivel psíquico donde se realiza, y determinar, finalmente, el propósito que se halla en la base del mismo, entendiendo que todo fenómeno no captado ni registrado íntegramente por los sentidos físicos, pero presentidos siquiera vagamente como perteneciente a otro nivel, pueden ser considerados de tipo parapsicológico, siendo estos fenómenos tan corrientes que apenas les damos importancia. Veamos, por ejemplo, algunos de ellos: ruidos en el interior de las casas sin justificación física alguna, llamadas a las puertas, golpes en las paredes, en los muebles, dibujos aparecidos en los lugares más insólitos, etc. Estos fenómenos son provocados por aquellas criaturas etéricas llamadas vulgarmente “duendes”. Pero, ¿qué son exactamente los duendes? Bien, se trata simplemente de cierto tipo de devas que viven en contacto con los seres humanos, que participan ocultamente de sus ambientes familiares se hallan particularmente activos en los hogares donde hay niños y animales domésticos, con quienes suelen juguetear. Poseen gran dominio de los éteres inferiores, los más cercanos al físico denso, y utilizándolos con singular maestría son los causantes de ruidos inoportunos, movimiento de cuadros y muebles, abrir y cerrar de puertas, caída de objetos, etc., fenómenos variados que llegan a inquietar seriamente a los moradores de tales viviendas, pero que, en el fondo, no son sino efectos secundarios de la labor principal que realizan tales devas familiares en los niveles ocultos, tales como la creación del ambiente familiar o matiz psicológico de la familia en su conjunto, una actividad muy necesaria habida cuenta el contexto social que, surgiendo del seno de las familias, irrumpe en el mundo de relaciones humanas enriqueciendo su contenido. Habrá que considerar obviamente que la elevación moral y grado de inteligencia de estos devas o duendes dependerá de la actividad conjunta realizada en el seno de la familia, en cuyo seno se sienten ubicados, y que sus expresiones sensibles o parapsicológicas variarán sensiblemente de acuerdo con la integridad moral o nivel intelectual de sus moradores, siendo, por tanto, infinita la gama de pequeños duendes del hogar. Estos, vistos desde el plano mental, se hallan ocultamente bajo las órdenes de ciertos Ángeles familiares, de la categoría de los Ángeles Guardianes de la Humanidad. Así, los fenómenos parapsicológicos registrados en las moradas de los hombres tienen unos aspectos objetivos, a veces de indudable calidad, aunque lógicamente extraños e indefinibles por la escasa información científica que se tiene acerca de ellos. Pero, en definitiva, la causa productora de los mismos es siempre una criatura del éter, llámesela deva, duende o espíritu, la cual viene atraída a las moradas de los seres humanos por leyes de afinidad o de vibración, se acerca a los grupos familiares y se vincula a los mismos constituyéndose desde el ángulo oculto en un miembro más de la familia, y aunque permanece invisible a los ojos físicos se halla constantemente activo y atento a la expresión y sucesión de los hechos familiares, los cuales comparte muy íntima y plenamente. La forma de los “duendes” es muy parecida a la de los “GNOMOS”, aunque sean de características dévicas diferente a las de los espíritus de la Tierra. Los “GNOMOS” habitan el interior de las piedras o en los grandes árboles, en tanto que los “duendes” habitan preferentemente en las moradas de los hombres. Un estudio serio y profundo de los pequeños devas familiares aportaría grandes conocimientos a la labor investigadora de los verdaderos parapsicólogos, pues permitiría explicar racional y científicamente la causa de muchos fenómenos paranormales que se producen constantemente en los ambientes sociales y familiares de los seres humanos y constituyen todavía grandes enigmas para los estudiosos del mundo oculto.


Los Fantasmas

Otra de las preguntas que se hacen los investigadores en el campo de la Parapsicología es la que hace referencia a los llamados “fantasmas”, unos fenómenos psíquicos de cuya existencia se ha hecho constantemente eco la tradición, aunque sin explicar nunca en forma racional y científica el verdadero significado o procedencia de los mismos. Nuestra investigación desde el ángulo oculto nos ha permitido identificar a los siguientes tipos de “fantasmas”:


a. Fantasmas de los Pantanos, aprovechando las condiciones semietéricas que se producen en los mismos a causa de la humedad sucia de las aguas encharcadas.

b. Fantasmas de las Casas Encantadas, creados por las emanaciones psíquicas de altas tensiones emocionales.

c. Fantasmas de los Castillos, de los que nos ha hablado mucho la tradición y que han llenado muchas páginas de literatura ocultista, de misterio y de terror en todos los tiempos.

d. Fantasmas, o Entidades psíquicas creadas y mantenidas en objetividad astral por arte de “imposición mágica”.


a. Fantasmas de los Pantanos

Ese tipo de “formas psíquicas” surgen habitualmente por condensación del vaho húmedo que se origina en los lugares pantanosos y constituyen la actividad de ciertos devas semietéricos, llamados esotéricamente ASURAS, los cuales habitan en las capas poco profundas del suelo y aprovechan aquellas condiciones de “sucia humedad” para adquirir consistencia y objetividad física, aunque sea de carácter vaporoso. Los ASURAS tienen una forma muy parecida a la humana y, aunque generalmente son de evolución inferior, poseen un gran poder psíquico sobre los éteres densos, los cuales modelan de acuerdo con las necesidades inherentes a su propia evolución. Suelen acudir prestos a las invocaciones de los hombres y se convierten en fieles servidores de aquellos que hayan logrado someterlos a su voluntad, tal como es el caso de los magos negros que utilizan el poder psíquico de los ASURAS para provocar situaciones conflictivas en los ambientes sociales del mundo. Los ASURAS, tal como decíamos antes, realizan su evolución en las capas semietéricas del suelo. Por su especial condición y grado de evolución dentro del reino dévico “no tienen conciencia del bien ni del mal” y se limitan a obedecer ciegamente las órdenes de aquellas personas cuya voluntad es fuerte y poseen altos secretos o conocimientos mágicos. Sin embargo, suelen ser extremadamente peligrosos si una vez invocados no se les puede dominar, pues en tal caso, y al igual que en el caso del Aprendiz de Brujo, el dominador pasa a ser dominado y el ASURA se convierte entonces en una entidad maléfica y obsesiva que dificulta enormemente la evolución espiritual de las personas sujetas a su poder. De ahí la prudente reticencia del Maestro en facilitar a sus discípulos ciertas claves de invocación de los devas ASURAS, haciéndolo solamente y en casos muy especiales cuando se trata de discípulos que poseen una bien reconocida sabiduría y un profundo control espiritual.

Otro tipo de “fantasmas de los pantanos” suelen ser simples cascarones astrales de personas o de animales fallecidos que vivieron en las cercanías de aquellos lugares pantanosos y que los ASURAS vivificaron con su tremendo poder psíquico. En tal caso, el vaho húmedo que producen el barro y las aguas encharcadas es utilizado como agente substanciador o cohesivo de la forma etérica del cascarón astral y que suelen ser los fantasmas que muchas personas han podido ver “flotando” por encima de los lugares pantanosos y también en las márgenes de los ríos y en las cercanías de los lagos. La condición óptima para ese tipo de manifestaciones etéricas o ectoplásmicas es la existencia de “sucia humedad”, pues este elemento posee cualidades de substanciación física que el ASURA utiliza para hacerse visible o para materializar cascarones astrales de personas fallecidas de baja vibración espiritual o de animales muertos en proceso de putrefacción, de desintegración física.

Otra especie particular de ASURAS, que no habitan en las cercanías de los pantanos o lugares análogos, poseen una cierta percepción física y comprenden instintivamente el lenguaje humano. Estos son particularmente invocados por algunas personas, singularmente las que habitan en los pueblecitos de la alta montaña, para pedirles el hallazgo de objetos perdidos, obtener ciertos favores -un buen matrimonio o una excelente cosecha, por ejemplo- o simplemente para tener suerte en la vida personal. Tales invocaciones son siempre de carácter mágico por cuanto está implicado un ferviente deseo que esencialmente es voluntad, pero debido a la sencillez e ingenuidad de las mismas no suelen ser peligrosas, ya que, afortunadamente, el poder invocado es muy limitado y la respuesta mágica no va más allá del hallazgo de las cosas perdidas o de la dispensación de ciertos favores a cargo del ASURA que se sintió particularmente invocado, pero puede tener muy desagradables consecuencias cuando la invocación tiene carácter maléfico y deliberadamente se intenta causar mal a alguien, ya sea en su vida o en su hacienda. Esto ocurre desgraciadamente y puede llegar a provocar fenómenos tales como: muerte de ganado, pérdida de cosechas, el corrientemente llamado “mal de ojo” o las extrañas enfermedades que suelen contraer inesperadamente ciertas personas.

Tengamos en cuenta, sin embargo, y habrá que hacerse énfasis sobre este asunto, que los ASURAS no son los responsables directos de dichos fenómenos, sino que se limitan a obedecer ciegamente la voluntad de aquellos seres humanos cuyas pasiones, ambiciones, odios o envidias crean el necesario vínculo psíquico para que aquellos males puedan ser provocados. Esotéricamente deberemos ser cada vez más conscientes del poder invocativo que posee nuestro cuerpo astral o psíquico, y por tal motivo se hace cada vez más necesario un potente desarrollo mental y un eficiente control de nuestras tendencias emocionales.


b. Fantasmas de las Casas Encantadas

Son más frecuentes de lo que realmente se cree y todos habremos oído hablar de casas o mansiones en donde tienen lugar fenómenos psíquicos, tales como movimientos de muebles, ruidos en las paredes, puertas que se abren y cierran misteriosamente, etc., efectos que fueron examinados en el apartado correspondiente a “los duendes del hogar”, pero acompañados en este caso de apariciones de fantasmas, o de cascarones astrales vitalizados, cuyo campo magnético posee una alta tensión psíquica. En un principio tales fantasmas fueron quizá la expresión real de alguna entidad humana que habitó en aquella casa y que en virtud de una potente pasión astral o psíquica se sintió fatalmente atraída hacia ella, utilizando el ectoplasma ambiental que “fabrican” los devas inferiores para materializarse y producir fenómenos externos de carácter psíquico. Tal es el caso del avaro guardando todavía después de muerto sus queridos tesoros escondidos, del amante que no se resigna a perder a la persona amada que tuvo que abandonar en el momento de la muerte o de aquél que después de haber dejado el cuerpo físico continúa persiguiendo encarnizadamente a su enemigo desde el plano astral y es capaz todavía de perjudicarle en su salud o en sus intereses materiales. Sin embargo, y viendo tales fenómenos de materialización desde el ángulo esotérico, se aprecia en la casi totalidad de los casos que los fantasmas de las casas encantadas no son almas humanas, sino simples espectros de las formas que las caracterizó durante el proceso de su existencia kármica, vivificados artificialmente por los devas, los cuales los dotan de objetividad y proyección psíquica. Dichos vehículos fueron oportunamente abandonados por el alma, pero debido a su alta radiación psíquica inferior atrajeron la atención de algunos potentes devas en sintonía con la misma, los cuales desde entonces se constituyeron en habitantes de los mismos convirtiéndolos en fantasmas. Al llegar aquí démonos cuenta de la similitud del proceso de creación de un fantasma, ya se trate de un fantasma de los pantanos, que utiliza como vehículo cohesivo de materialización la “sucia humedad” de las aguas encharcadas, o de un fantasma de las casas encantadas, el cual, para manifestarse, tendrá necesidad de utilizar la “sucia pasión” contenida todavía como un rescoldo de grandes odios o ambiciones mantenido psíquicamente en los cascarones astrales abandonados por ciertas personas de acusadas tendencias psíquicas. La Ley de Substanciación es idéntica en ambos casos, y tal como hemos dicho en muchas ocasiones, siempre hay un deva tras cualquier tipo de expresión humana. La ley de vibración, idéntica a la de semejanza, obliga a estas naturales “reacciones del éter” y a sus posteriores expresiones en forma de fantasmas, de egregores o de cualquier tipo de ambiente social.



c. Fantasmas de los Castillos

Hecha esta aclaración, vamos a examinar ahora el tipo de fantasmas corrientemente denominados “de los castillos”, por ser en estos lugares en donde suelen aparecer y hacerse visibles. Son aparentemente una mezcla de las dos especies de fantasmas anteriormente descritos por muchas de las circunstancias que concurren en el fenómeno de su manifestación, tales como los fosos pantanosos que rodean los castillos medievales, llenos de “sucia humedad”, o las grandes piedras con que fueron construidos, las cuales, tal como fue oportunamente indicado en otras partes de ese Tratado, suelen constituir las mansiones de cierto tipo de Gnomos o espíritus de la tierra. Pero a ese contenido densamente etérico habrá que añadir también una tremenda potencialidad psíquica, ya que según la tradición oculta “los fantasmas de los castillos” son entidades humanas en proceso de expiación kármica por efecto de algunos terribles actos cometidos en el pasado, asegurando que tales almas están condenadas a vagar por aquellos lugares en tanto no hayan consumado completamente los efectos de una larga secuela de espantosas iniquidades, profundas ambiciones, sangrientos odios e intensas pasiones.

Nuestra opinión esotérica -que no niega totalmente la tradición oculta- añade, sin embargo, a ese contexto el sentido correcto de la ley kármica de justicia, la cual “no puede permitir” un encadenamiento demasiado prolongado a los cuerpos astrales después de la muerte del cuerpo físico ni tampoco a “lugares definidos” (castillos, cercanías de las tumbas, determinadas habitaciones, etc.), por cuanto el alma espiritual es genuinamente libre y después de un tiempo prudencial de expiación, marcado por la justicia de la ley, deberá abandonar oportuna y definitivamente el vehículo astral causa de su encadenamiento. Así, con su deuda kármica sobre los hombros -tal como esotéricamente se dice- el alma penetrará en ciertos definidos niveles del plano mental en donde quedará sumida en un estado místico de “recopilación” de todos los hechos y las exponencias pasadas. Durante este obligado proceso se dará absolutamente cuenta de todos sus errores y equivocaciones y, después de un trascendente acto de contrición espiritual y de formulación de votos de enmienda ante el supremo Juez monádico, dejará “la pesada carga kármica” a un lado y penetrará en el Devachán, un estado de conciencia incluyente que situará al alma en el centro de las dos orillas de la separatividad humana, preparándola para la formulación de un nuevo destino y señalándole el camino de un nuevo nacimiento.

Ahora bien, lo que realmente ocurre con los fantasmas de los castillos es un hecho psíquico que se realiza de acuerdo con el principio de vibración, que es una ley del Universo. En virtud de la misma, el cuerpo astral abandonado, conteniendo todavía una intensa carga psíquica, atrae la atención de algunos devas inferiores en sintonía con sus densas vibraciones magnéticas, y en forma parecida al fenómeno de “la mediumnidad corriente”, se apropian de aquel vehículo abandonado, lo vitalizan con energía etérica y mantienen cohesivamente unidas sus moléculas, impidiendo así el normal proceso de su desintegración. Un cuerpo astral vitalizado por devas inferiores, aunque dotados de gran potencia psíquica, puede perdurar, bajo la forma objetiva de la persona que lo habitaba, durante largos ciclos de tiempo. Y estos “cascarones astrales”, vitalizados por espíritus inferiores de la Naturaleza, suelen ser los verdaderos “fantasmas de los castillos”, perceptibles a la vista y hasta cierto punto tangibles y a los cuales hace referencia la tradición oculta. Sin embargo, oportunamente, la Ley infinita de restitución que actúa en todos los planos del Universo destruirá todos estos fantasmas o cascarones astrales y consumirá en el éter sus residuos bajo la acción de los Ángeles de la Espada Flamígera, una especie particular de devas procedentes de los subplanos superiores del plano astral, los cuales, utilizando la parte de fuego destructor del primer Rayo a su disposición, efectuará la misteriosa alquimia de destruir o aniquilar toda forma de vida gastada e incapaz de seguir evolucionando. Los devas inferiores que animan dichos cascarones abandonarán entonces la morada que kármicamente no les pertenecía y, siguiendo las leyes imperturbables de la evolución, retornarán al éter, la substancia infinita de la que surgen y a la que retornan cíclicamente todos los devas de la Naturaleza, sea cual fuere su Jerarquía.


d. Fantasmas o entidades psíquicas animadas por arte de imposición mágica

Ese tipo de fantasmas ha de merecer una especial atención por cuanto constituye la expresión de un elevado tipo de magia, blanca o negra según los casos, mediante la cual el mago, utilizando los poderes de su voluntad y determinadas fórmulas de poder, atrae a su alrededor a un número de devas inferiores, obligándoles a “construir” mediante sus poderosas órdenes mentales los duplicados etéricos de las formas psíquicas de personas, de animales o de cosas, a fin de proyectarlas luego hacia lugares previamente determinados o escogidos.

La diferencia que existe entre los fantasmas examinados anteriormente y los fantasmas creados bajo imposición mágica estriba en que éstos desaparecen del plano de la objetividad o de la manifestación en el momento mismo en que el mago cesa de actuar sobre los éteres y de mantener bajo control a los devas que circunstancialmente había convertido en sus servidores, teniendo en cuenta de que éstos, al sentirse obligados por la fuerza del mago, están reaccionando constantemente contra el poder que los domina, a la espera de que cualquier error del mago les deje en libertad para poder “arrojarse contra él” y situar al dominador en plan de dominado, sujeto al poder de las tremendas fuerzas psíquicas que suelen manejar los devas inferiores de la Naturaleza y de las cuales tan difícil es liberarse. Mucho se ha escrito acerca de ese trueque de papeles en el caso del mago inexperto, por lo que a los aspirantes espirituales ansiosos de poderes psíquicos habrá que prevenirles de que antes de que los consigan deberán obtener un absoluto control de sí mismos y observar una conducta muy recta y espiritual. La creación dévica de fantasmas psíquicos, ya sea de personas, de animales o de cosas, exigirá, por tanto, de parte del experimentador la posesión de las cuatro principales virtudes de la Magia:


a. Un perfecto conocimiento de las fuerzas dévicas que actúan en los éteres ambientales.

b. Una poderosa voluntad, dinámica, vibrante e invocativa.

c. Mucha experiencia en el arte de la visualización mental.

d. Un eficiente control sobre la naturaleza emocional.


En el caso del Mago Blanco, a estas cuatro cualidades o virtudes deberán añadirse pureza de vida y rectitud de conducta. El Mago negro -no hay que olvidarlo- es también un experto en el arte de la Magia y posee una potente estructura mental, conoce el mundo de los “devas inferiores” y sabe cómo invocarIes y someterles a control. Pero en este apartado acerca de la Magia no vamos a discutir los móviles o las razones que incitan a construir fantasmas, sino que fundamentalmente tratamos de introducirnos en el alto secreto mágico de su construcción. Veamos:


a. Un perfecto conocimiento de las fuerzas dévicas que actúan en los éteres ambientales

Todo verdadero Mago ha de poseer clarividencia, o percepción visual, del plano oculto en donde intente trabajar. Mediante la misma podrá “ver y elegir” al grupo de devas que utilizará durante el desarrollo de su actividad mágica y a los que deberá mantener en tensión psíquica -si es que podemos decirlo así- a la expectativa del trabajo que se les va a encomendar. En el caso de la creación de “formas etéricas” de personas, de animales o de cosas habrá de recurrir a aquel tipo de devas inferiores capaces de substanciar el éter y hacerle devenir objetivo. A esta especie de devas se les suele denominar ocultamente señores del ectoplasma, siendo el ectoplasma, como la mayoría de parapsicólogos saben, éter materializado o condensado capaz de adoptar cualquier tipo de forma. Observen ustedes que utilizamos el término forma etérica y forma astral, y es necesario establecer esta diferenciación para no confundir la actividad de los devas astrales inferiores, que vitalizan los cascarones astrales de los fallecidos y los mantienen en objetividad astral, con la de los devas etéricos, condensadores de los éteres del plano físico. Esta es la primera distinción que ha de establecer el Mago y la que le orientará en el sentido de los mántrams que habrán de ser utilizados a fin de promover las condiciones ambientales requeridas.


b. Una poderosa voluntad, dinámica, vibrante e invocativa

Al llegar a este punto la poderosa voluntad del Mago formulará el mántram apropiado y a su conjuro el grupo de devas escogidos se acoplarán formando un bloque compacto y se pondrán bajo sus órdenes. El Mago deberá entonces tener cuidado de repetir mentalmente y tantas veces, como sea necesario el mántram de poder que le fue revelado en cierta iniciación ([27]), a fin de que las fuerzas dévicas se mantengan cohesivamente en el éter, prestos a secundar su voluntad ordenadora. Recordemos que en el arte de la imposición mágica los devas invocados se hallan sujetos a control, prisioneros de un estado de conciencia superior que les obliga a seguir determinadas reglas y a realizar ciertos trabajos específicos. La voluntad del Mago ha de ser, por tanto, muy poderosa, pues las fuerzas dévicas invocadas tienden incesantemente a la dispersión y son también muy potentes y extremadamente peligrosas, ya que su tendencia es volverse contra el poder que les sojuzga y condiciona. No basta poseer ciertas claves de poder y el conocimiento de algunos mántrams. El Mago ha de utilizar constantemente su voluntad en apoyo de su inteligencia. El éter del espacio en donde el Mago ejerce sus poderes debe estar “teñido de fuego”. Sólo la fuerza ígnea de la voluntad podrá dominar a los moradores del espacio.


c. Mucha experiencia en el arte de la visualización mental

El Mago ha de poseer una mente debidamente entrenada en el arte de la visualización, es decir, de creación de toda clase de imágenes y formas de pensamiento, así como ser capaz de mantener firmemente en ella y durante todo el tiempo que sea necesario “un cuadro” de las situaciones que quiera provocar en el ambiente previamente escogido. La visualización mental indica un alto grado de concentración, y los devas invocados bajo imposición mágica deberán “materializar” aquel cuadro y llevarlo a la objetividad con todas las propiedades físicas inherentes a la “corporeidad y tangibilidad”. De esta manera, la creación de un fantasma o de un grupo de fantasmas puede motivar una serie impresionante de efectos sobre el mundo de Maya, o de los sentidos humanos. A tal efecto, deberá ser recordado que el mundo de los espejismos astrales está lleno de esos fantasmas ilusorios sin identidad psicológica, “fabricados” por arte mágico, pero su creación es tan perfecta que impresionan los sentidos físicos e inducen a aceptar como reales y verdaderos unos espectros etéricos creados por imposición de la voluntad humana sobre el mundo de los devas. Las formas ectoplásmicas de personas, de animales y de cosas del plano físico pueden aparecer así ante el aspirante espiritual poco entrenado en el arte de la visión oculta como entidades reales y llevarle a grandes errores de apreciación y de interpretación. Sólo un adecuado entrenamiento espiritual hará posible la identificación del fantasma o del grupo de fantasmas que concurren en el desarrollo de cualquier situación ambiental impuesta por arte mágico y darse exactamente cuenta de si las imágenes bajo observación son reales o ilusorias. En la base mística de las grandes religiones se hallan no pocos motivos de inspiración espiritual basados en el principio de la Magia y de “creación de imágenes vivientes” de las Deidades que en tales religiones son reverenciadas. Algunas de ellas, de tan tremendo poder que bajo la forma de potentísimos “egregores” se hallan todavía en las motivaciones intimas de los cultos y de la fe religiosa de los fieles. Pero no nos detendremos de momento en el examen de tales ideas, las cuales serán oportunamente consideradas, aunque si será necesario exponer y clarificar el hecho evidente de la Magia organizada en nuestro mundo y del sentido de permanencia de muchas iglesias de tipo caduco y tradicional, por efecto de los “egregores” construidos en pasadas épocas y que, alimentados por el poder de la liturgia y de la magia invocativa, se mantienen todavía como soportes vivos de la fe, de la credulidad o de las íntimas creencias religiosas acerca de la Divinidad.


d. Un eficiente control sobre la naturaleza emocional

El dominio de la mente sobre el cuerpo astral debe ser perfecto si ha de realizarse una verdadera obra mágica y tener bajo control al deva o grupo de devas que han de realizar algún definido trabajo de “substanciación” del éter ambiental y de construcción de los fantasmas requeridos. Continuamos insistiendo en la necesidad de que se establezca la distinción entre el fantasma astral que mantienen objetivamente en este plano los devas psíquicos bajo forma de “cascarones”, es decir, por efecto de la vitalización transitoria de cuerpo astral de alguna persona fallecida haciéndole perceptible y hasta tangible, y el fantasma etérico construido por los devas que actúan en los éteres físicos, utilizando los elementos dinámicos que surgen de la voluntad del Mago. Los primeros utilizan fuerza psíquica, pues tal es la esencia del plano en donde viven, se mueven y tienen el ser; los segundos construyen fantasmas utilizando los materiales segregados del primer nivel etérico, el más denso y -si podemos decirlo así- con más carga de ectoplasma magnético.

Volviendo a la necesidad de control astral por parte del Mago que “mantiene aprisionados a los devas” que han de crear una determinada forma, habremos de decir que dicho control es tan necesario que bien podría decirse que de él depende toda la obra mágica. Un leve desfallecimiento del ánimo, un debilitamiento de la tensión o la más mínima duda en la mente pueden serle fatales al Mago, por las razones antes descritas de que los devas constructores bajo su poder “están atentos al menor descuido” para arrojarse sobre él y destruirle física y psíquicamente. Hay que recordar al respecto que la Magia exige maestros y no inexpertos aprendices. De ahí la importancia de que el Mago se olvide por completo de si mismo en el desarrollo del proceso mágico y que no desvíe su atención de aquel punto en el éter dentro del cual mantiene “confinados” a los devas que utiliza para la expresión de sus poderes mágicos. Este es un punto raras veces estudiado cuando se intenta dar una imagen muy real del proceso de la Magia, pero que deberían tratar de investigar muy profundamente los aprendices de Mago, siendo el trabajo más importante a realizar y el único que colmará la medida de sus deseos, el suave aunque perfecto control de sus vehículos astrales a fin de evitar los peligros de los múltiples espejismos que jalonan el camino que conduce a la perfecta maestría de la Obra Mágica.

 

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